La Torre como puerta, no como castigo

Existe una paradoja en el camino del autoconocimiento: cuanto más nos esforzamos por ser quienes creemos que debemos ser, más nos alejamos de quienes realmente somos.

El molde es esa forma que adoptamos para encajar, para ser aceptadas, para no generar conflicto, y puede sentirse como seguridad. Pero con el tiempo, esa seguridad tiene un costo muy alto: el de no reconocernos.

En la Cábala, el Sendero, La Torre, es precisamente este momento: la estructura que ya no nos sirve se derrumba para que algo más auténtico pueda emerger. El rayo que cae sobre la torre no es una señal de fracaso. Es la fuerza que libera lo que quedó atrapado adentro.

¿Qué es el molde?

El molde tiene muchas formas. Puede ser la persona que siempre dice que sí para no decepcionar. La que no expresa sus necesidades porque aprendió que eso genera conflicto. La que se adapta tanto a los demás que ya no sabe con certeza qué quiere ella. También puede ser más sutil: hacer las cosas “como se hacen”, seguir el camino que otros esperan, repetir decisiones que no resuenan solo porque siempre fue así, y así camos por la vida.

Lo que estas formas tienen en común es que surgieron en respuesta a algo externo. Se formaron para ser aceptadas, para sobrevivir en un entorno determinado, para proteger una parte vulnerable. No son malas: en su momento, cumplieron una función, y nos sirvieron.

El problema es cuando nos olvidamos de que son un molde y empezamos a creer que son nosotras.

Hacer algo diferente como acto de conciencia

Salir del molde no requiere grandes gestos revolucionarios. No hace falta renunciar al trabajo, terminar relaciones ni mudarse a otro país.

 Los cambios más profundos suelen empezar en lo pequeño: decir lo que realmente pensas en una conversación donde antes callarías. Elegir descansar cuando el mandato interno dice que deberías estar produciendo. Pedir lo que necesitas aunque te resulte incómodo.

Estos actos pequeños y deliberados tienen un poder enorme porque interrumpen el automatismo.

Cuando hacemos algo diferente, Hod —la mente analítica— recibe información nueva. Netzaj —las emociones— experimenta algo que no estaba en el guion habitual. Y en ese espacio, algo propio puede asomar.

El miedo que acompaña el cambio

Es normal que salir del molde genere miedo. El molde, aunque restrictivo, es conocido. Lo nuevo, aunque más auténtico, es incierto. La Torre en su aspecto más temido es exactamente eso: la incomodidad de estar en territorio desconocido después de que la estructura antigua ya no está.

Pero la Cábala nos enseña que ese derrumbe no es el final del sendero: es el comienzo. Lo que cae era una construcción. Lo que emerge , si tenemos el coraje de atravesar la incomodidad. Es algo más real, más propio, más vivo.

Acercarte a vos misma

Cada vez que elegís actuar desde tu propio criterio en lugar de desde el molde, te acercas un poco más a quien sos realmente, a tu verdadera escencia. . No es un proceso lineal ni siempre cómodo. Habrá momentos en que el molde llame con fuerza, porque es lo que conocemos.

Pero hay una diferencia que se va volviendo cada vez más clara con el tiempo: la diferencia entre actuar desde el miedo a no encajar y actuar desde la confianza en quién sos. Esa diferencia —sutil al principio, rotunda con el tiempo— es el sendero de La Torre transitado conscientemente. No como castigo, sino como puerta.

Gisele Della Corte

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