Hay personas que hablan muchísimo…
pero hace años que no dicen realmente lo que sienten.
Y no porque quieran mentir.
Sino porque aprendieron a adaptarse.
A decir lo correcto.
A responder lo esperado.
A mostrar solo la parte que no incomoda.
Hasta que un día ya no saben qué parte es real y cuál es la versión que sostienen para funcionar.
Expresarte no siempre significa mostrarte
Muchas veces lo que hacemos es confundir comunicarnos con ser auténticas
Nos comemos el cuento que porque hablamos, explicamos, nos mostramos, estamos siendo honestas con nosotras mismas.
Pero no siempre es así.
Hay personas que:
- hablan todo el tiempo y nunca dicen lo importante
- sonríen mientras se sienten agotadas
- dicen “está todo bien” cuando claramente no lo está
- se adaptan tanto que terminan desconectándose de lo que realmente sienten
Y eso genera un cansancio difícil de explicar.
Y eso va generando un cansancio que se hace difícil de explicar y de sostener, y obviamente lo vamos sintiendo en el cuerpo.
Porque sostener una versión adaptada consume energía.
Cuando la mente empieza a filtrar todo
Desde la Cábala, Hod representa la mente, el pensamiento, la comunicación y la forma en la que nos mostramos al mundo.
Es la parte que organiza, interpreta y expresa.
Pero cuando se desequilibra, aparece algo muy común: el filtro constante.
Empezamos a medir:
- qué decir
- cómo decirlo
- cuánto mostrar
- qué ocultar para no incomodar
Y casi sin darnos cuenta, dejamos de expresarnos desde un lugar real.
La mente empieza a construir personajes funcionales.
Versiones nuestras que sirven para sostener vínculos, evitar rechazo o mantener cierta imagen.
El problema no es adaptarte
¿Sabes cuando aparece el problema? Cuando te alejas tanto de vos para adaptarte, que terminas no sabiendo que sentís de verdad.
Ahí es donde Tiferet —el centro, la identidad real, el “quién soy”— empieza a desconectarse.
Y entonces aparece:
- la confusión
- la sensación de vacío
- el agotamiento emocional
- la necesidad constante de validación
- la duda sobre una misma
No porque no sepas quién sos.
Sino porque llevas mucho tiempo sosteniendo una versión adaptada.
La honestidad real no siempre es cómoda
Ser honesta con vos misma implica reconocer cosas que quizás ya venías sintiendo:
- que algo no te hace bien
- que te estás adaptando demasiado
- que estás diciendo más “sí” de los que realmente querés
- que te cuesta sostener lo que sentís
Y muchas veces la mente evita eso.
Porque ver con claridad también obliga a decidir. Y a ser más genuina.
El verdadero cansancio
No siempre viene de lo que vivís.
A veces viene de ese esfuerzo que haces constantemente para sostener una versión, que hoy ya no te representa.
De filtrar…
De acomodarte…
De funcionar…
Por eso muchas personas sienten alivio cuando finalmente pueden mostrarse desde un lugar más real, más autentico y más genuino.
No porque todo se resuelva de golpe.
Sino porque dejan de pelearse internamente.
Ejercicio: mirarte sin personaje
Hoy quiero proponerte algo simple.
Pero no superficial.
Busca un momento donde puedas estar sola y en silencio.
Párate frente a un espejo.
Sin música.
Sin teléfono.
Sin hacer otra cosa al mismo tiempo.
Solo vos.
Y sostenete la mirada unos minutos.
No para corregirte.
No para analizarte.
No para ver cómo te ves.
Sino para preguntarte, de verdad:
¿cómo me estoy sintiendo realmente?
¿qué parte de mí estoy ocultando?
¿qué estoy sosteniendo solo para funcionar o encajar?
¿en qué cosas no estoy siendo honesta conmigo?
No hace falta responder rápido.
De hecho, probablemente lo primero que aparezca sea incomodidad.
Porque estamos acostumbrados a mirarnos desde afuera.
Pero no siempre desde adentro.
Después, si querés, escribí todo lo que aparezca.
Sin ordenarlo.
Sin hacerlo “lindo”.
Sin explicarlo demasiado.
Solo siendo honesta.
A veces el primer paso para ordenar lo que te pasa, es dejar de escapar de vos misma.
“La claridad empieza cuando dejas de actuar frente a vos misma.”
A veces el problema no es solo cuánto te ocultas.
Sino cuánto dependes de cómo los demás te ven para sentirte valiosa.
Y ahí ya no hablamos solo de expresión.
Hablamos de identidad.