Pasamos por momentos donde todo se siente confuso.
No entendemos por que repetimos situaciones… porque reaccionamos igual o porque aún sabiendo lo queremos terminamos haciendo otra cosa.
Hay momentos donde todo se siente confuso.
Y no, no es falta de claridad.
Es algo más profundo.
La mente no siempre elige… repite
Muchas veces creemos que estamos tomando decisiones,
pero en realidad estamos reaccionando.
Reaccionando desde lo conocido.
Desde lo que ya vivimos.
Desde lo que nuestra mente guarda como “seguro”, aunque no nos haga bien.
Por eso volvemos a lo mismo.
No porque lo queramos,
sino porque nos resulta familiar.
Porque ahí nos sentimos cómodos
Quién sos vs como te mostrás
En el Árbol de la Vida de la Cábala hay dos puntos clave que ayudan a entender esto (hay mucha más información y profundidad, pero para el tema de hoy les traigo esto)
Tiferet
es tu centro.
Tu identidad real.
Quién sos cuando no te estás adaptando.
Y Hod
es tu mente.
Cómo pensas, cómo hablas,
cómo te mostras al mundo.
Cuando hay coherencia
Cuando lo que sos (Tiferet)
y lo que expresás (Hod)
están alineados…
hay claridad.
No necesitas forzarte.
No dudas tanto.
No te traicionas.
Simplemente sos.
Cuando hay desconexión
El problema aparece cuando eso se separa.
Sentís una cosa, pero decís otra.
Queres algo, pero elegís distinto.
Te adaptas, dudas, te justificas.
Y ahí aparece la confusión.
No porque no sepas quién sos,
sino porque no estás pudiendo sostenerlo.
El punto incómodo (pero necesario)
No estás atrapada por lo que te pasa.
Estás sosteniendo una forma de pensar, una forma de reaccionar, una versión tuya que aprendiste.
Y mientras eso no se haga consciente, la historia se repite.
Ordenar no es cambiar quién sos
No se trata de convertirte en otra persona.
Se trata de dejar de correrte de vos.
De reconocer qué parte es real y qué parte es automática.
Porque cuando eso se ordena, todo empieza a sentirse distinto.
Más claro.
Más liviano.
Más propio.