Escuché esta frase y me atravesó. Me sentí completamente identificada.
Porque a veces sentimos que ufff, otra vez esto, ¿por qué esta situación?, y caemos —aunque sea un ratito— en ese lugar de la queja.
Pero no me quedo ahí. Me permito procesar.

Me pregunto:
¿Qué me pasa?
¿Qué emociones estoy sintiendo?
¿Qué no supe ver?
¿Qué no quiero ver?

En este recorrido, muchas veces me enojé. Me enojo. Dudo de mí misma.
Sí, aún lo hago.
Pero también entiendo que todo eso forma parte del aprendizaje.
Y es ahí, cuando salgo al mundo con lo vivido, cuando reconozco que todo se transforma en experiencia… en sabiduría.

Porque la sabiduría no se trata solo de leer mil libros o hacer mil cursos.
También se construye con lo que hacemos con lo que nos pasa.
Con lo que integramos de nuestras caídas, nuestros enojos, nuestras sombras.

Es un renacer. Como el ave Fénix.

Y cada vez que caigo, siento que vuelvo más a mí.
Más auténtica. Más consciente. Más Gisele.

Incluso me pregunté:
¿Por qué caigo tanto, si estoy trabajando tanto en mí?
Y la respuesta me llegó clara:
Justamente por eso.
Porque cuanto más voy hacia adentro, más me descubro.
Más saco a la luz mis sombras, mis miedos, mis neurosis…
Y más me reconozco en mi totalidad.

Estas palabras nacieron de mi corazón mientras escuchaba una clase.
Una clase que decidí recursar.
Sí, ya sé que puede sonar un poco loco.
Pero después de un año… no soy la misma.
Necesitaba volver a esa información, pero desde otro lugar.
Desde esta nueva versión de mí.
Desde otra Gisele.

Gisele Della Corte

Selecciona tu moneda
USD Dólar de los Estados Unidos (US)
Abrir chat
¡Hola! 👋
¿En qué te podemos ayudar?