Hay momentos en los que nos damos cuenta de que ya no somos la misma.
No es que algo haya salido mal.
Es que el deseo cambió de forma, y nos toca actualizar el fuego.
Esta Luna Nueva en Leo del 22 de julio llega como un umbral entre lo que ya no y lo que aún no tiene forma pero nos late fuerte adentro.
No viene a darnos certezas, ni a pedir que tengamos todo claro.
Viene a invitarnos a reconocer qué ya no nos representa, aunque antes nos haya encendido.
Y eso, aunque duela, es crecimiento.
¿Por qué esta lunación es distinta?
Porque ocurre con Mercurio retrógrado en Leo, y eso cambia todo el tono.
No es momento de grandes lanzamientos, pero sí es un momento clave para hacernos las preguntas incómodas:
- ¿Dónde estoy forzando entusiasmo?
- ¿Qué parte de mi vida ya se siente vacía, repetida, apagada?
- ¿Qué me está empezando a llamar, aunque todavía no lo entienda?
Además, el Sol y la Luna en Leo hacen aspectos fuertes con varios planetas que marcan cambios importantes a largo plazo:
- Oposición a Plutón retrógrado en Acuario → tensión con estructuras que queremos romper.
- Sextil a Urano recién ingresado en Géminis → necesidad de hacer espacio a ideas nuevas, de explorar formas de ser y crear distintas.
- Trino con Saturno y Neptuno en Aries → canal creativo con dirección y propósito.
Todo esto genera una atmósfera de reconfiguración profunda del deseo.
No solo es una Luna Nueva.
Es una señal de que algo distinto quiere empezar a arder dentro nuestro.
Entonces… ¿hacemos intenciones o no?
Sí.
Pero con otra actitud.
Esta Luna Nueva no pide afirmaciones forzadas ni planes rígidos.
Pide mente flexible, corazón abierto y disposición a sorprendernos.
No se trata de decretar lo que queremos controlar…
sino de registrar lo que nos está empezando a llamar.
Para reflexionar esta semana:
- ¿Qué ya no te quema como antes?
- ¿Dónde te estás quedando solo por costumbre?
- ¿Qué nuevas ganas querés empezar a honrar?