La palabra karma suele asociarse con castigo o con algo negativo que debemos pagar. Sin embargo, desde una mirada más profunda, el karma no es un castigo sino un aprendizaje pendiente.

Podemos entenderlo como aquellas cargas, propias o heredadas, que llevamos con un peso mayor al que nos corresponde y que terminan limitando nuestra posibilidad de vivir con mayor libertad y plenitud.

Muchas veces son potenciales o experiencias que el alma no logró equilibrar y vuelven a presentarse para encontrar comprensión y orden.

Por eso aparecen situaciones, vínculos o experiencias que se repiten hasta que logramos ver qué necesitan mostrarnos.

El karma puede manifestarse como:

• relaciones que siempre terminan de la misma manera,

• conflictos que vuelven una y otra vez,

• dificultad para poner límites,

• sensación de cargar problemas que no parecen propios,

• decisiones que siempre conducen al mismo resultado.

No se trata de mala suerte. Son movimientos que invitan a revisar algo más profundo.

Karma heredado: lo que trae el linaje

No todo lo que cargamos es personal. Muchas veces llevamos dolores, creencias o mandatos que pertenecen a nuestro árbol familiar.

Como si heredáramos tareas pendientes.

Desde esta mirada, el alma elige un linaje donde puede transformar y liberar aquello que quedó inconcluso en generaciones anteriores. Lo que pesa hoy muchas veces no comenzó con nosotros, pero sí puede encontrar resolución a través nuestro.

Karma de lo no vivido

El karma no surge solamente de acciones negativas. También nace de lo que dejamos sin hacer.

Palabras no dichas, talentos no expresados, decisiones que no nos animamos a tomar, caminos que evitamos por miedo. Todo eso también queda pendiente.

Cada vez que evitamos actuar desde nuestra verdad, algo queda esperando ser vivido y comprendido.

Karma como oportunidad de cambio

Más que un castigo, el karma funciona como un maestro. Señala dónde todavía hay algo por aprender y qué parte de nuestra vida pide transformación.

Cada situación repetida o cada dificultad que vuelve es una invitación a elegir diferente.

El karma no es un destino fijo. Es camino, elección y posibilidad de romper un patrón para abrir uno nuevo.

Y cuando empezamos a comprender qué se repite y por qué, comienza un movimiento interno que nos permite vivir con mayor liviandad.

En ciertos momentos del año, estos procesos se vuelven más visibles y sentimos con más claridad la necesidad de soltar cargas y reorganizar nuestra energía. De eso vamos a hablar en el próximo artículo: cómo se producen los cierres kármicos y por qué ciertos períodos nos invitan a un reset emocional profundo.

Gisele Della Corte

Selecciona tu moneda
ARS Peso argentino
Abrir chat
¡Hola! 👋
¿En qué te podemos ayudar?