Hay palabras que llegan para quedarse.
Últimamente, en lecturas, sesiones y reflexiones, una de ellas me resuena con fuerza: fragmentación.

Estar fragmentadas es más común de lo que creemos.
Y también más doloroso. Porque no siempre lo notamos… pero lo sentimos.

¿Qué es estar fragmentados?

Estar fragmentados es estar partidos internamente.
Es cuando una parte de mí quiere avanzar, pero otra se sabotea.
Es cuando me muestro fuerte, pero por dentro me estoy rompiendo.
Es cuando deseo algo, pero no me lo permito.

Nos rompemos en pequeñas decisiones cotidianas, en silencios impuestos, en creencias que nos dijeron o adoptamos sin cuestionar.
Y aunque no siempre se note por fuera, el cuerpo lo siente.
La energía lo siente.
El alma también.

Las creencias que nos dividen

Muchas veces cargamos creencias que no son nuestras, pero que se volvieron parte del guion que repetimos.
“No soy suficiente.”
“Tengo que poder solo.”
“Si muestro mi sensibilidad, me van a dejar de querer.”
“Para ser amado, tengo que ser útil.”

Esas frases, esas ideas que habitan en lo profundo, nos van dividiendo.
Nos alejan de lo que somos.
Nos hacen desconfiar de nuestra propia verdad.

¿Y si volvemos a tomarnos a nosotras mismos?

Hausner habla de estar enteros cuando uno ha tomado a todos los que pertenecen.
Y es cierto: en el camino de sanación, tomar a mamá, a papá, al sistema, es necesario.

Pero muchas veces, se nos olvida tomarnos a nosotras mismos.
Tomar nuestra historia.
Tomar nuestras contradicciones.
Tomar esa parte que alguna vez fue rechazada, silenciada o negada.

Porque no hay sanación completa si yo me excluyo de mi propia toma.

Fragmentación espiritual: cuando incluso la luz nos divide

A veces, incluso en caminos espirituales, nos seguimos fragmentando.
Cuando creemos que debemos estar siempre en paz, siempre en armonía, siempre en luz.
Y rechazamos la sombra, la rabia, el enojo, el caos.

Pero la espiritualidad no es negación.
Es integración.
Es abrazar todo lo que somos. Luz y sombra. Amor y miedo. Risa y llanto.

¿Cómo volver a mí?

Volver a mí no es un destino, es un proceso.
Y no hay una única forma. Pero sí hay caminos:

• Escuchar el cuerpo: ¿dónde está la tensión? ¿Qué me está diciendo?

• Observar mis pensamientos: ¿qué parte de mí no estoy escuchando?

• Escribir: una carta a mi parte silenciada, una conversación con mi niña interior.

• Hacer una limpieza emocional o energética: soltar lo que ya no me sostiene.

• Recordar: No tengo que estar perfecto para estar entero. Solo necesito reunirme.

Ejercicio simple: ¿Dónde me dejé?

Te invito a tomar un cuaderno o una hoja y escribir:

• ¿Qué parte mía dejé atrás?

• ¿Qué creencia me mantiene dividido?

• ¿Qué me diría hoy esa parte de mí que espera ser vista?

Volver a mí

Sanar no es arreglarme.
Sanar es reunirme.

Es traer de vuelta las partes que solté.
Es abrazar mi historia sin juicio.
Es mirarme al espejo y reconocerme entero, aunque a veces me sienta roto.

Porque incluso en los pedazos, sigue latiendo mi verdad.
Y cada vez que me elijo, me estoy volviendo a mí.

¿Te sentís fragmentado? ¿Querés explorar este camino?

Si estas palabras te resonaron, podes escribirme para agendar una sesión.
Estoy acá, acompañando procesos reales, sensibles y profundamente humanos.

Gisele Della Corte

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