Cuando bajamos el ritmo, no siempre aparece la calma.
Muchas veces, lo primero que emerge es incomodidad… esa que nos hace sentir raros, que hay algo que no nos gusta. 

En sesiones de enero esto se repite mucho. Personas que llegan diciendo:
“Estoy más sensible”,
“no tengo ganas de lo que antes sí”,
“algo me molesta, pero no sé bien qué”.

Y también escuche estas semanas:

“quiero trabajar este tema en mi”,
“esto se viene repitiendo”.

Y no es casual.

Cuando dejamos de exigirnos estar bien, avanzar, producir o sostener, empiezan a sentirse cosas que antes tapábamos con movimiento.
Silencios internos. Dudas. Preguntas que no tenían espacio.

Enero suele funcionar como un mes revelador.
No porque empuje cambios, sino porque al aflojar la exigencia, deja ver qué veníamos sosteniendo por inercia.

Aparece la culpa por no tener ganas.
La incomodidad de no querer lo mismo.
El miedo a decepcionar si cambiamos de postura.

En sesión, muchas veces no trabajamos “qué decisión tomar”, sino algo previo y más importante: aprender a escuchar esa incomodidad sin taparla.

Porque estamos muy entrenadas en resolver rápido.
Y no todo lo que incomoda es un problema a corregir.

Algunas preguntas que suelo trabajar en este momento del año son:

• ¿Esto me incomoda porque está mal… o porque ya no me representa?

• ¿Sigo en este lugar por deseo o por costumbre?

• ¿Qué parte mía está pidiendo un cambio de rol, de ritmo o de límite?

La incomodidad no siempre viene a romper.
Muchas veces viene a mostrar.

Por eso, uno de los primeros “consejos” de este mes no es hacer más, sino hacer espacio.
Espacio para sentir sin apurarse a definir.
Espacio para registrar el cuerpo, las emociones, las reacciones automáticas.

En los procesos de acompañamiento, enero no suele traer grandes decisiones inmediatas.
Trae algo más sutil: claridad interna.

Y cuando esa claridad empieza a ordenarse, las decisiones después llegan con menos lucha.

Si hoy sentís confusión, incomodidad o una especie de ruido interno difícil de nombrar, no significa que estés perdida.
Muchas veces es señal de que estás dejando de exigirte sostener lo que ya no encaja.

Escuchar eso —con acompañamiento o sola— también es parte del trabajo interno.
Porque no todo se resuelve rápido.
Algunas cosas primero necesitan ser sentidas, comprendidas y ubicadas.

Y desde ahí, el orden empieza a tomar otra forma.

Gisele Della Corte

Selecciona tu moneda
ARS Peso argentino
Abrir chat
¡Hola! 👋
¿En qué te podemos ayudar?