Cuando algo interno se mueve y todavía no termina de acomodarse, es común querer entender rápido qué hacer. Buscar respuestas, definir, avanzar.
Sin embargo, en este momento del proceso, más que decisiones, lo que suele ayudar es registro.
Estos no son tips para cambiar tu vida.
Son claves para observarte con honestidad mientras el reordenamiento ocurre.
1. Registra dónde aparece más incomodidad
No toda incomodidad dice lo mismo.
Preguntate:
• ¿En qué situaciones sentís más tensión?
• ¿Con quiénes te agotas más rápido?
• ¿Qué espacios o dinámicas te pesan más que antes?
La incomodidad no señala un error.
Señala un desajuste entre quién sos hoy y lo que seguís sosteniendo.
2. Diferencia cansancio físico de cansancio interno
No todo cansancio se resuelve descansando.
Observá:
• qué cosas te cansan, aunque no demanden esfuerzo físico,
• qué decisiones pequeñas se sienten pesadas,
• qué obligaciones te drenan sin una razón clara.
Ese cansancio suele indicar que algo se sigue sosteniendo por inercia, no por sentido.
3. Escucha qué ya no querés sostener (aunque no sepas qué sí)
En esta etapa, muchas personas se exigen tener claridad total.
Pero el primer orden no aparece sabiendo qué querés, sino reconociendo qué ya no va.
Podés preguntarte:
• ¿qué estoy sosteniendo solo por costumbre?
• ¿qué hago para no incomodar a otros?
• ¿qué parte de mi vida ya no coincide con quien soy hoy?
No hace falta actuar todavía.
Registrar ya es un movimiento.
Ejercicios de registro para acompañar este proceso
Ejercicio 1 – El desorden tiene forma
Durante varios días, registra:
• en qué momentos aparece más incomodidad,
• qué la activa,
• y dónde la sentís en el cuerpo.
No la analices.
No la justifiques.
Solo registra sensaciones: tensión, peso, nudo, cansancio, inquietud.
Cuando el desorden empieza a tener forma corporal, deja de ser abstracto.
Ejercicio 2 – Lo que sigo sosteniendo
Escribí sin filtrar:
• qué seguís sosteniendo por costumbre,
• qué sostenes por miedo a decepcionar,
• qué ya no elegirías si fueras honesta con vos.
Después leé eso en voz alta y observá qué pasa en el cuerpo.
El cuerpo no discute. Registra.
Ejercicio 3 – Señales de orientación
Presta atención a:
• momentos en los que baja el ruido interno,
• espacios donde respirás más profundo sin darte cuenta,
• situaciones o personas con las que te sentís más vos.
Eso no es una respuesta definitiva.
Es una dirección.
Para cerrar
Ordenarse internamente no es resolver todo.
Es dejar de pelearse con lo que está cambiando.
Si al hacer estos registros sentís que algo se acomoda, aunque no puedas explicarlo del todo, vas bien.
Y si el ruido persiste o se intensifica, acompañarse puede ayudar a leer con más claridad lo que sola cuesta ordenar.
Cuando algo adentro se está reordenando, escuchar con atención es el primer gesto de coherencia.