Cuando algo pequeño te desestabiliza (y no sabés bien por qué)…

Querías cerrar el año distinto.

No perfecto. Distinto.

Con más calma.

Con la sensación de haber llegado.

Con menos ruido interno.

Pero a veces basta una situación puntual para que todo eso se mueva.

No algo enorme, ni necesariamente grave desde afuera.

Algo que toca una fibra sensible.

Y el cuerpo lo siente antes de que la cabeza lo entienda.

En mi caso fue así.

La ansiedad apareció sin pedir permiso.

No dormir, pensar de más, revisar todo una y otra vez, querer controlar lo que claramente no estaba bajo control.

Y ahí aparece la pregunta incómoda:

¿por qué me afecta tanto esto?

Si “no es para tanto”…

Si otras veces pude…

Si en teoría tengo herramientas…

Pero la ansiedad no responde a la teoría.

Responde a lo que se activa por dentro.

Lo más difícil, muchas veces, no es atravesar lo que pasa.

Es aceptar que nos desbordamos igual, incluso sabiendo…

Incluso acompañando a otros…

Incluso teniendo recursos…

Eso también es parte del camino.

En medio de ese estado decidí frenar.

No para buscar una solución mágica,

sino para crear un espacio donde escuchar lo que estaba pasando de verdad.

Volví a una sesión de Neshama.

Y el arcano que apareció fue La Emperatriz.

No lo viví como una respuesta cerrada,

sino como un espejo.

Sensibilidad, cuerpo, emoción, sostén.

El cansancio de dar, de contener, de estar atenta a todo.

Nada estaba fuera de lugar.

Todo tenía sentido.

Después de una sesión no se “arregla” la vida.

Eso no es real.

Pero sí ocurre algo sutil y muy importante:

el sistema baja, la respiración se acomoda, la mente deja de empujar.

Y desde ahí aparece una comprensión simple, pero profunda:

a veces tenemos las herramientas y nos olvidamos de usarlas.

No por falta de conciencia.

Sino por cansancio.

Por exigencia.

Por querer llegar bien a todo.

Este cierre de año me deja esa enseñanza.

No necesito más control.

Necesito más presencia.

Usar lo que ya tengo para hacer frente a lo que está delante mío.

Pedir sostén cuando hace falta.

Escuchar el cuerpo antes de que grite.

Si estás atravesando algo parecido —

si algo “pequeño” te desestabilizó,

si sentís ansiedad sin una causa clara,

si sabés cosas pero igual te sentís desbordado—

quizás no necesites forzarte a estar bien.

Quizás solo necesites un espacio para ordenar, mirar y respirar.

Las sesiones de Neshama no son para “arreglarte”,

sino para acompañarte a ver con más claridad lo que ya está pidiendo ser escuchado.

A veces, con eso, alcanza para empezar.

Abrazos, Gise 💜

Gisele Della Corte

Selecciona tu moneda
ARS Peso argentino
Abrir chat
¡Hola! 👋
¿En qué te podemos ayudar?