A lo largo del día, nuestra mente oscila entre dos estados: una mente llena de ruido, preocupaciones y distracciones, o una mente atenta y presente. ¿En cuál de estos estados pasamos la mayor parte de nuestro tiempo?
Cuando nuestra mente está llena (mind full), experimentamos tensión física y emocional, dificultad para concentrarnos y pensar con claridad. Nos volvemos rígidos en nuestros pensamientos, actuamos de manera impulsiva y sentimos una constante necesidad de control. En este estado, el disfrute se vuelve casi imposible, pues estamos atrapados en una espiral de preocupaciones y automatismos.
Por otro lado, cuando estamos en un estado de atención plena (mindful), cultivamos la capacidad de habitar el momento presente. Prestamos atención al aquí y al ahora, observamos y describimos las situaciones sin analizarlas ni juzgarlas. Esto nos permite soltar emociones, enfrentarlas con amabilidad y responder con consciencia, en lugar de reaccionar de manera automática.
Al identificar las emociones que nos genera un estímulo, desarrollamos la libertad de elegir cómo reaccionar.
La invitación es clara: ¿queremos vivir con una mente llena o con atención plena? La decisión está en cada uno de nosotros.