Hay momentos en los que sentimos que la energía no alcanza. Nos levantamos cansadas, la mente saturada, el cuerpo tenso… y aunque no haya “nada grave”, algo adentro está pidiendo orden.
La verdad es simple: no siempre nos drena la vida; muchas veces nos drenamos nosotras mismas sin darnos cuenta. Pequeñas fugas emocionales, sutiles, silenciosas, pero constantes.
Cuando las identificamos, todo empieza a realinearse.
Hoy quiero hablarte de tres fugas muy comunes.
Si te ves en alguna, no te castigues: reconocerlas ya es parte de la recuperación.
1. Reprimir lo que sentís
Callarte para no molestar. Aguantar para evitar conflictos. Guardarte emociones incómodas “para después”.
El problema es que lo que se guarda, pesa.
Y cuando la emoción se encapsula, roba energía.
¿Qué podés hacer?
Permitirte hablar. Primero con vos, después con los demás. Nombrar lo que te pasa abre espacio interno y baja la tensión mental.
2. Vivir en la queja automática
No hablamos de la queja consciente, la que detecta un límite.
Hablo de esa queja repetitiva que se convierte en banda sonora interna y no suma nada.
La queja constante no resuelve: desgasta.
¿Qué podés hacer?
Detectarla sin culpa. Y cuando aparezca, preguntarte: “¿Puedo hacer algo con esto ahora?”
Si la respuesta es sí, actuá.
Si es no, soltá… aunque sea por hoy.
3. Cargar lo que no te corresponde
Ser sostén emocional de todos, resolver lo que no te pidieron, anticiparte a lo que los demás necesitan…
Eso te convierte en puente energético, y los puentes se vuelven pesados si nadie los sostiene.
¿Qué podés hacer?
Decirte internamente: “Esto no es mío.”
Ese simple acto libera más de lo que parece.
Un ejercicio rápido para recuperar energía
Probalo hoy. Son 3 minutos:
1. Cerrá los ojos y respirá profundo tres veces.
2. Identificá una cosa que te está drenando hoy.
3. Escribila en una frase corta en tu cuaderno o en tu celu.
4. Elegí una microacción de menos de cinco minutos para ordenar eso: tirar un papel, mandar ese mensaje, poner un límite suave, moverte un poco, descansar un minuto.
5. Hacelo ahora. No mañana. Ahora.
Lo pequeño mueve mucho más de lo que imaginamos.
Si querés trabajarlo más profundo
Si sentís que estos temas te están tocando de cerca —y te gustaría ordenar tu energía, entender tus emociones o encontrar claridad— puedo acompañarte en sesión.
No hay presión y no hay fórmulas mágicas.
Solo guía, presencia y un proceso que respeta tu ritmo.
Si te resuena, podés escribirme.